Homenaje a Carlos Sánchez Jiménez

No te has ido voluntario de la vida, Carlos Sánchez Jiménez. Los dioses caprichosos de todos los destinos te han arrancado de cuajo la raíz de nuestro lado, a ciegas y brutalmente, con saña y envidiosos, como les segaban las vidas a los héroes griegos en los mitos ancestrales. Vidas sin estrenar esperanzas, en primaveras apenas esbozadas: jóvenes y triunfantes.

Alberto Sánchez Jiménez, escoge con esmero tus pinceles y la gama toda del arco iris; transfórmate en un Apeles, y dibuja en el cuaderno indeleble de la memoria colectiva de nuestro viejo Graxos, con mano firme, con mano fraternal y amorosa, su eterno monumento: meciéndose en el aire transparente de la sierra una jota bailadora y castellana de compás balbuciente, inacabado... Una jota con los brazos bien abiertos, levantados sobre las nobles cabezas, clavándole con rabia en la niebla del toro resignado del olvido las luminosas banderillas del recuerdo. Y en el coso de la vida volandera, en la boca precisa de riego del albero, un reloj que señale con agujas de claveles el grito afilado de la ácida protesta de la hora maldita, de la hora postrera y veinticinco: la hora que le interrumpió para siempre todos sus estrenos.

Madrid, 24 de octubre de 2009

Pedro Carpintero García

 
     
       
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