| |
Félix Sánchez,
hijo adoptivo de Graxos
La vida, Félix, -¡qué te voy a contar que no sepas!-
tiene su ritmo y su cadencia, sus ciclos internos de crecimiento y mengua.
La edad nevada es una hermosa concertación de la niñez,
adolescencia y la edad adulta; el día tiene su mañana,
su mediodía y atardecer, y el año tiene sus estaciones...
¡ Y bien está que así sea !
Has conocido, en tu espera, que el hombre de la Sierra de Ávila
es de carácter sobrio, de palabra firme, seco en sus manifestaciones
y poco amigo de la ostentación. Como tampoco exige reconocimientos...
¡cuánto le cuesta mostrar sus afectos!
Éste es el día de tu cosecha, amigo mío. Sembraste
las semillas por todos los campos y en todas las estaciones. Has dado
con generosa alegría y esa alegre generosidad es tu fortuna.
Cuando trabajas eres una flauta a través de cuya médula,
o corazón, el murmullo de las horas y de las edades, ilusiones
y credos, sentimientos y paisajes se va convirtiendo en melodías...
Porque si tocases, aunque fuera como los ángeles, pero no amases
el tocar, estarías entorpeciendo los oídos de los hombres
para las voces del día y de la noche. Por eso tus canciones,
en las ondas del afecto, te condujeron por nuestras calles de puerta
en puerta, y no eres un extraño entre nosotros, ni siquiera un
huésped de paso, sino uno más de la casa. Los vecinos
salimos gozosos a escucharte porque tus canciones están impregnadas
de afectos entrañables y nos evocan deleitosos y nostálgicos
recuerdos... Tanta ha sido la abundancia del cariño y el arte
que has ido dejando por estas calles y plazas, tantas veces fluyeron
tus melodías como una fuente que colmó nuestras copas,
que las generaciones presentes te gozarán aún jubilosas
por luengos años y las venideras te recordarán agradecidas
sin aflicción y sin pena. Esto sólo lo consiguen aquellas
personas que han logrado llegar...
Ya lo ves, Félix, ¡ideas sencillas, las de siempre, y palabras
sinceras! Permíteme ofrecerte de nuevo aquél Dulzainero
que Teo honrara con su inspirada melodía, elevándolo hasta
la tarima donde tocáis los dulzaineros.
Por cierto, ¿dónde está la calle de Graxos, o al
menos una placa conmemorativa, dedicada a Teo, que bien se la merece
por pasear tan airosamente por toda la geografía castellano-leonesa
el nombre de este pueblo a lomos de su inspirado y alegre pasodoble?
¿A qué esperamos?
Para mi amigo y admirado Pele: " DULZAINERO " D U L Z A I N E R O
Dulzainero:
eres arte y filigrana
que la música desgranas,
de tu tierra salmantina,
por la estepa castellana.
Dulzainero:
sembrador que vas sembrando,
de canciones y de danzas,
la besana de las calles
de los pueblos de Castilla,
y la piedra enamorada
de sus plazas.
Dulzainero:
porque traes la primavera,
tembloroso de quereres
-como cuerda de ballesta-
vibra el cuerpo cimbreante
de la moza casadera
cuando tocas la dulzaina
por la fiesta. Dulzainero:
la Virgen del Agua,
mecida en sus andas
cubiertas de flores,
tu música baila,
que a Santa María
le rezan tus jotas
piropos de amores.
Dulzainero:
al son de tu dulzaina
intercambian recuerdos los ancianos,
y el vino de tu música calienta
los fríos de sus huesos ya cansados.
Dulzainero:
que regalas melodías soñadoras
a la moza que estrena una promesa,
a la plaza que espera engalanada,
a la Virgen que cuida de la sierra,
al anciano que vive su añoranza...
¡Nunca dejes que se duerma
la canción en tu dulzaina! Graxos, a 8 de octubre de 2005
Pedro Carpintero García |
|